Monday, November 19, 2012

Paradojas de los sometidos.

Miami, Florida, a 28 de febrero de 2011. Desde hace miles de años los seres humanos hemos vivido bajo diferentes modos de producción, desde el esclavismo hasta el capitalismo (comunismo incluido), en todos éstos las constantes han sido la explotación de las masas en manos de los poderosos y la aceptación del sistema de sometimiento no sólo por los beneficiados directos sino, irónicamente, también por sectores de los grupos explotados. Bien sea por coerción o por formas más sutiles como la manipulación informativa y la propaganda que repite continuamente una mentira hasta convertirla en “verdad”, el dominio de las dóciles mayorías por parte de los más fuertes ha sido la triste e invariable forma de convivencia de los seres humanos No obstante, uno de los momentos en que dicha dominación fue relativamente debilitada -cuando menos en buena parte del mundo occidental, en especial en países como EE. UU.- inició a finales de los años 1930 y finalizó en los años 1970; en este período las clases medias y las masas trabajadoras se fortalecieron como nunca antes y la histórica explotación del hombre por el hombre, pareció ceder parcialmente dentro del capitalismo gracias al uso de una política económica diferente basada en los planteamientos económicos de John Maynard Keynes. Erróneamente el bienestar económico en el mundo se percibe como un juego de suma cero: lo que unos ganan, los otros lo pierden; de tal suerte que las élites sociales crearon diversas estrategias para desarticular ese nuevo sistema que atentaba contra sus intereses. La forma más sencilla de hacerlo fue enturbiando la imagen del papel positivo del sector publico en la economía y, por supuesto, buscando revivir los dogmas económicos clásicos que normaban el mundo desde Adam Smith hasta el surgimiento del keynesianismo, al fin y al cabo, el pensamiento económico clásico (o liberal) es articulado, inteligente y nunca pasó de moda en los sectores tradicionalistas de las sociedades. Después de varias décadas las oligarquías lograron su cometido con el ascenso al poder de Thatcher y Reagan quienes fueron seguidos por muchos más en la implementación del neoliberalismo (heredero ideológico del pensamiento económico clásico) que sigue arraigado en amplios sectores de las sociedades que -víctimas de los sofismas neoliberales- son sin saberlo y a pesar de su probable buena voluntad los grandes defensores y promotores de la plutocracia que vivimos. Con el desmantelamiento de muchas monarquías gracias a las ideas de la Ilustración y con la separación del Estado de la Iglesia se redujo el margen de maniobra de aristócratas y nuevos burgueses surgidos de la Revolución Industrial para poder manipular y usufructuar a expensas de las mayorías como históricamente había sucedido. Los poderosos del mundo poco a poco fueron obligados a tener que depender primordialmente del poder devengado por sus capitales pues los títulos nobiliarios y el ilimitado poder eclesiástico, que antaño les funcionaba, fue perdiendo fuerza con el paso del tiempo. A raíz de estos cambios sociales los grandes capitalistas se vieron cada vez más identificados con el famoso laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar) planteado por los economistas clásicos, doctrina que busca la máxima libertad para los tenedores del capital. Imposible culparlos por su simpatías ideológicas ¿cierto? Naturalmente, desde entonces empresarios y hasta ahora las grandes corporaciones han sido los benefactores de los partidos de derecha que aprovechando el desconocimiento de la historia económica por parte del ciudadano común y así como la oferta de argumentos lógicos -en ocasiones ciertos- del ideario neoliberal y la amplia influencia que tienen sobre los medios de comunicación, convencen y reclutan a sectores importantes de las masas para la promoción y defensa de intereses aparentemente de las mayorías, pero que en realidad, y en esencia, pertenecen a la agenda política de los de los grandes barones del dinero. Desde mediados del siglo XIX el liberalismo económico fue cuestionado por comunistas y otros sectores de la sociedad por su ineficiencia para eliminar la pobreza, pero en muchos países sobrevivió hasta el primer tercio del siglo XX. Sin embargo la Gran Depresión permitió la puesta a prueba de medidas económicas diferentes a las utilizadas hasta entonces. Keynes convenció a suecos, alemanes, británicos y estadounidenses, entre otros, de utilizar métodos nuevos que contemplaban un papel más activo por parte del sector público para estimular la economía, lo que no sólo resultó en la superación de la crisis económica mundial sino en un período de enorme crecimiento y estabilidad económica, éste fue amplio y llegó a todos los estratos de la sociedad: burgueses, proletarios y clases medias por igual. Sin embargo, el gasto gubernamental - parte medular del modelo- necesariamente se nutre de un elemento amenazador para los grandes capitalistas del planeta: los impuestos. Es por esta simple razón que las oligarquías de todas las sociedades son las grandes enemigas del involucramiento del gobierno en la economía, no es la supuesta (y en ocasiones verdadera) inoperancia administrativa lo que les molesta pues los resultados en lo general son positivos, el rechazo y odio los origina el natural deseo de no verse despojados de sus recursos. Todas las disciplinas tienen infinitas mediciones y lenguajes rebuscados que intimidan y desorientan a cualquiera, pero casi siempre es posible apelar al sentido común para comprender la esencia de todo y poder valorar adecuadamente cosas que aparentemente sólo unos cuantos son capaces de comprender. El caso de la economía no es diferente y si nos remitimos a los dos parámetros más importantes dentro de la misma: crecimiento económico y distribución del ingreso (riqueza), fácilmente podemos hacer una comparación entre los resultados del keynesianismo y el neoliberalismo. Usando como referencia a EE. UU., motor económico mundial y uno de los primeros países en seguir el pensamiento de Keynes, se puede encontrar que el crecimiento económico durante las décadas keynesianas nunca ha sido superado por los resultados de los gobiernos de corte neoliberal. Ahora bien, si hacemos la comparación de la distribución del ingreso en el mismo país, encontramos que bajo el neoliberalismo el reparto de la riqueza generada es muchísimo, repito, muchísimo más desigual, las rebanadas del pastel son peor repartidas y el progreso de las mayorías juega un papel secundario. Entonces ¿por qué la intervención del gobierno en la economía es vista con tanto recelo? El recuento de los párrafos anteriores es muy general y puede parecer maniqueo y hasta moralista, lejos de pretender hacer un juicio de valor solo intento evidenciar la causa principal por la que los grupos más poderosos de las sociedades, hoy en día compuestos sustancialmente por los grandes empresarios corporativos (herederos del poder antes ostentado por la Iglesia y las monarquías), se esfuerzan tanto por manchar al gasto público que es la herramienta más eficiente de toda sociedad para generar progreso colectivo; el motivo es sencillo, el capital que permite a gobiernos brindar estos beneficios proviene de los impuestos pagados por oligarcas y pagar impuestos no es del gusto de nadie. Ahora bien, es pertinente destacar que los esfuerzos por contribuir lo menos posible con el financiamiento gubernamental son normales y acordes a la lógica egoísta inherente a los seres humanos, son posturas absolutamente legítimas que la inmensa mayoría de las personas -de estar en esa posición- tomaríamos y defenderíamos. Sin embargo, la gran paradoja es que los grandes privilegiados del sistema (numéricamente insignificantes) y, quienes en materia económica, frecuentemente antagonizan con el bienestar colectivo, son ciegamente respaldados por amplios sectores poblacionales que, sin saberlo y victimas de su inconsciencia, apuntalan a quienes muchas veces son sus propios verdugos económicos.

Saturday, February 2, 2008

Sí se puede

Miami, febrero 2008.

Barack Obama está cercano a convertirse en el hombre más poderoso del mundo: la noticia es esperanzadora. El rumbo de este planeta está ligado a las decisiones que se toman en Washington y la posible llegada al poder de Obama no sólo sería contrastante con la muy triste gestión de Bush, sino permitiría que respiráramos por los posibles cambios directos e indirectos que el ascenso podría suscitar en nuestra aldea global. Siendo una mayor integración racial planetaria y el empleo de un enfoque incluyente, dos de las más viables contribuciones que él podría aportar.

 El ejercicio del poder siempre será complicado, pero en casi todos los rincones del planeta se considera que la administración Bush ha hecho trizas de la ya de por sí poco prestigiada “reputación americana”. Ignorancia, mentiras, violación a derechos humanos, desdén por el medio ambiente y el derecho internacional, fanatismo religioso, poca diplomacia y maniqueísmo ideológico son tan sólo algunos rasgos del actual presidente estadunidense. En contraste, la posibilidad de que Obama suba al máximo cargo político de su país llevaría al puesto a un hombre con un perfil que auguraría una presidencia muy distinta: Barack Hussein Obama estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, obtuvo su título de abogado en la escuela de derecho de Harvard, fue catedrático en la Universidad de Chicago, y también trabajó en las bases de organizaciones del Tercer Sector. Sin duda, su mandato, le brindaría a su país y, por ende, al mundo un perfil poco común y radicalmente diferente al brindado por George W. Bush. Obama es hijo de una madre blanca del estado de Kansas, hijo de un padre negro Keniano (con estudios doctorales en Harvard y agnóstico confeso); tiene ascendencia musulmana y creció en las islas de Indonesia y Hawai, lo que permite pensar que el grado de empatía con el Tercer Mundo y el entendimiento de la problemática mundial no sólo no tendrían precedente sino –mejor aun- llegarían en el momento preciso para la búsqueda de armonía, tolerancia y menos injusticia en un mundo que tiende a la polarización religiosa y económica.

Obama es un individuo con corta trayectoria política por lo que tiene poca cola que le pisen y cuyo más grande activo político es el haberse opuesto a la invasión a Irak en tiempos en que lo fácil era ceder ante la presión para realizarla. Sin embargo, su más importante atributo es el planteamiento de soluciones políticas a partir de la creación de puentes de entendimiento, sus enfoques buscan convencer y no acabar con el adversario, la suma y no la resta son las fórmulas privilegiadas para intentar alcanzar la unidad entre las partes. El enfoque además de complicado solamente lo pueden aplicar exitosamente  personajes de tallas poco comunes, quizá pronto veamos si él la tiene. Por lo pronto su particular estilo ha despertado la esperanza de millones de personas de rasgos demográficos y culturales poco homogéneos que le han permitido en unas cuantas semanas cerrar distancias de hasta 30 puntos porcentuales en las preferencias electorales demócratas y ubicarse en la actualidad en una carrera cerradísima rumbo a la nominación de su partido.

Durante el debate en el teatro Kodak en Hollywood, Obama mencionó que su intención era cambiar el estilo de pensar (mind set) a la hora de hacer política lo cual justamente es lo indicado para este mundo que lleva 7 años vibrando al ritmo de tambores de guerra. Hillary Clinton también quiere terminar con la invasión a Irak y privilegiar una política internacional menos beligerante. Sin embargo, su trayectoria combativa, revanchista y avasalladora no inspira las mismas esperanzas.

El poderío estadunidense no sólo es militar, económico y político, también es cultural. EE.UU. probablemente exporta al resto del mundo más elementos culturales que cualquier otra nación: música, cine, moda, comida y un largo etcétera hacen que el planeta cada vez esté más americanizado. Querámoslo o no, son líderes mundiales y, por lo mismo, lo bueno y lo malo que ellos hagan permea con suma eficiencia en el resto de las sociedades existentes. El hecho de que un hombre de color logre alcanzar la presidencia de uno de los más grandes imperios de la humanidad tiene implicaciones trascendentes, la principal necesariamente relacionada a la lucha contra el racismo; obviamente el hecho no acabaría con éste, pero sin duda contribuiría de manera muy positiva a la causa de la tolerancia racial.

En el partido Republicano las cosas están bastante claras, en el Demócrata la moneda está en el aire, pero el momento anímico -la inercia- está desde hace algunas semanas del lado de Obama. Seguramente pronto se hará historia ya sea porque llega una mujer o un hombre de color a la presidencia de EE.UU. debido a las altas probabilidades de una victoria demócrata, principalmente porque los republicanos están desunidos y desmotivados (hasta ahora la participación acumulada de los electores demócratas es casi del doble que la de los republicanos). El planteamiento de los conservadores es continuar en Irak y los deseos de las mayorías son contrarios; la economía como tema cada vez tiene mayor relevancia y John McCain, el virtual candidato republicano, confiesa no saber del asunto. Pareciera estar puesta la mesa para que se haga historia en la sociedad estadunidense.

En casi 232 años de historia EE.UU. ha tenido solamente 5 senadores y 2 gobernadores afroamericanos (el primero interino por un mes y el segundo elegido tan sólo el año pasado), por lo que hace pocos meses se pensaba que faltaban muchos, muchos años para que un hombre de color llegara a la Casa Blanca. Pronto lo sabremos y si así sucede el hecho resonará armoniosamente por todo el planeta. Por ahora sólo queda corear su lema de campaña: “sí se puede”.

Tuesday, November 2, 2004

Racionalidad vs. emocionalidad

 Miami, Fl. a 2 de noviembre de 2004.

La grandeza de los Estados Unidos está cimentada en dos grandes factores: instituciones de gobierno absolutamente consolidadas y en terminos generales, motivadas por la búsqueda del bien común y, por la afortunada supremacía de la inteligencia y el pensamiento racional sobre los dogmas y la emocionalidad colectiva. Es justamente hoy cuando el más grande imperio que hemos conocido, someterá a prueba a sus cimientos y a la estructura que sustenta a su sociedad, teniendo la oportunidad de demostrar su vigencia como máxima potencia mundial, o dejando ver al resto del mundo (y a una minoría dentro de sus fronteras) las fisuras más importantes hasta ahora vistas en su arquitectura social y política.

La sociedad estadounidense se encuentra dividida como hace mucho tiempo no lo estaba, pero en esta ocasión la division puede ser más grave de lo que parece, el pueblo estadounidense debe optar entre seguir transitando por el sendero de la racionalidad, eligiendo a su primer mandatario con base en argumentos lógicos y ponderaciones político-económicas como históricamente lo vienen realizando o desviar el rumbo hacia una especie de democracia instintiva y emocional cuyo motor es el miedo; ingrediente clave para someterse ante posturas de gobierno fundamentalistas y, claro está, sumamente peligrosas –más cuando se habla de la súper potencia mundial-.

Es triste (por no decir que vergonzoso) ver como la mitad de los votantes, entre 50 y 60 millones, elegirá a un individuo que buscó su reelección a partir de una insólita campana en la que todos los esfuerzos, absolutamente todos buscaron la exacerbación del miedo norteamericano y la descalificación de su adversario político; jamás se buscó defender lo realizado durante su gobierno y, peor aun, los mismos electores quizás voten por un individuo que llevó a la guerra a su pueblo a través de un confesado “error de información” (léase mentira).

Por otro lado, es posible que observemos en diversos estados como Pennsylvania, Florida, Wisconsin y Ohio grandes conflictos postelectorales los cuales pondrán también a prueba al civismo y al sistema democrático del pueblo estadounidense que, de fallar como hace 4 anos, será una muy inoportuna segunda falla dentro de la -hasta hace no mucho tiempo- poco cuestionada democracia “americana”.

Para más de un sociólogo el ciclo de vida como potencia hegemónica de los Estados Unidos ha iniciado su declive, se dice que los síntomas son muchos, es todavía difícil confirmarlo; sin embargo, es evidente que un cambio de vía hacia el camino del fundamentalismo y la irracionalidad, aderezado con una fuerte crisis del sistema democrático de este país, bien puede constituir prueba suficiente de fracturas estructurales irreparables que evidencian el inicio de la caida –natural en todos los imperios- del imperio estadounidense. Pronto lo sabremos.

Wednesday, January 2, 2002

EL PAPEL DE LAS ONGs EN LA BÚSQUEDA DE UN INGRESO MUNDIAL MENOS CONCENTRADO (RESUMEN)

Nuestro planeta está plagado de problemas.  Sin embargo existe una complacencia, siempre alimentada por el mercantilismo, de parte de los gobiernos.

 

 “A principios del siglo XIX la proporción de ingresos reales per capita entre los países más ricos y los más pobres del planeta era de tres a uno.  En 1900, era de diez a uno.  Para el año 2000 había alcanzado la cifra de sesenta a uno”.[1] 

 

La pobreza absoluta crece continuamente.  Los recursos naturales, de los cuales todos dependemos, están siendo devastados o contaminados hasta la extinción.  La temperatura media global en el siglo XX aumentó, por causas no naturales (emisión de gases invernadero), entre 0.6 y 0.2 grados, lo que es el incremento de temperatura más pronunciado en mil años y, por si fuera poco, se estima para el presente siglo un aumento en la temperatura global de entre 1.4 y 5.8 grados.[2]  La producción per capita de alimentos está decreciendo[3], pero hay una impetuosa carrera por perfeccionar los “genes exterminadores”[4] en la producción de alimentos.[5]  El número de migrantes y refugiados como consecuencia de injusticias y conflictos ha alcanzado registros históricos.[6]  El crecimiento de la población mundial sigue disparado, existen más de 30 países subdesarrollados con índices de natalidad por encima del 3% anual (en otras palabras, duplicándose cada 24 años).[7]  El consumo de recursos por parte del Norte sigue en ascenso y aunque tiene solamente el 25% de la población mundial, consume más del 75% de la producción de energía, papel, acero y otros recursos.[8]  Los Estados Unidos, con el 4% de los habitantes del planeta, generan la cuarta parte del dióxido de carbono vertido a la atmósfera, pero su presidente, George W. Bush, continúa saboteando los intentos del acuerdo sobre el Protocolo de Kyoto.[9]  El presidente del Banco Mundial recientemente reveló que latinoamérica, tras 20 años de (dolorosas) reformas, se encuentra donde estaba hace 20 años; los últimos 25 años han sido un período relativamente lento al compararlo con los años que le precedieron, por lo que muchos economistas la llaman una “época de plomo” al compararla con la precedente “época dorada”.[10]  Alrededor de 600,000 niños al año adquieren el SIDA a través de sus madres y se estima que pronto puede haber 40 millones de huérfanos como resultado del SIDA, pero las prácticas comerciales de los laboratorios multinacionales impiden el acceso masivo a los tratamientos contra esta enfermedad y, por supuesto, el que los gobiernos del Tercer Mundo fabriquen sus propios medicamentos genéricos está rotundamente prohibido por la Organización Mundial del Comercio, que bajo el concepto de “derechos de la propiedad intelectual” impide la salvación de millones de seres humanos.[11]  El Banco Mundial promueve como esencial e importante la “Flexibilidad del Mercado Laboral” que es una reforma que busca eliminar las barreras a la movilidad laboral y la flexibilidad salarial; que no quiere decir que los trabajadores pueden ser libres de ir a laborar a donde deseen, sino que pueden ser despedidos libremente de sus trabajos o que los salarios son flexibles, obviamente, hacia abajo, no hacia arriba.[12]  Uno de cada 3 niños está subalimentado.[13]  Mil doscientos veinte millones de personas carecen de agua potable.[14]  Tres millones de infantes mueren al año de enfermedades prevenibles con vacunas.[15]  Un millón de mujeres muere cada año por problemas de salud vinculados con la maternidad.[16]  Mil millones de adultos no saben leer ni escribir.[17] La lista es interminable.

El planeta simplemente no puede seguir por el mismo camino,  es apremiante cambiar de vías, pero para tomar esta decisión el mundo tiene que despertar de la somnolencia causada por los impactantes acontecimientos políticos, económicos, sociales y tecnológicos vividos al finalizar el siglo XX. Estos hechos no sólo adormecieron a la sociedad en general, sino desubicaron a los partidos progresistas de la sociedad internacional permitiendo que el gran capital internacional acentuara los procesos de concentración del ingreso a nivel mundial, justamente después de haber vivido uno de los períodos de menor desigualdad en la distribución del ingreso en la historia humana (1945-1970).  Esto ha situado a los países más favorecidos en un predicamento moral y, peor aún, ante el dilema de cómo evitar la continuidad de la grave concentración del ingreso que vive la humanidad entera, el cual de seguir agravándose puede poner en riesgo el equilibrio mundial.

Es la intención de este trabajo analizar íntegramente los elementos que prolongan el atraso económico de las naciones, para así poder demostrar con argumentos teóricos y evidencia empírica la hipótesis de que las organizaciones no gubernamentales (ONGs) en su conjunto, cumplen un papel determinante en la lucha para detener, y eventualmente revertir, la desigualdad entre las sociedades y las naciones.  También se busca evidenciar entre otras cosas que las ONGs llevan a cabo dos importantes funciones en la lucha mencionada. 

• La primera es fomentar la simple toma de conciencia de que el rumbo por el que transitamos no es el adecuado. Esto no es fácil debido a que la negación psicológica presente, tanto a nivel individual como colectivo es un mecanismo de mucha fortaleza, que además en la actualidad es revitalizado por los medios de comunicación pertenecientes al establishment que buscan la perpetuidad del sistema actual, olvidando que el sistema bajo el cual vivimos está íntimamente vinculado entre sí, por lo que es imposible abusar eternamente de una de las partes del mismo, sin verse eventualmente afectado el conjunto en su totalidad.

• La segunda aportación de las ONGs es permitirle a los diferentes actores del desarrollo económico y social el uso de elementos o herramientas inexistentes en el pasado, muchos de ellos surgidos de la experiencia de las ONGs en el ámbito operacional frecuentemente olvidado por los tomadores de decisiones en materia de combate a la pobreza, quienes comúnmente están desvinculados racional, emocional y físicamente de los problemas.  De tal suerte que las organizaciones ciudadanas hoy en día permiten desde innovar en las técnicas de erradicación de la marginación hasta usar diversos índices estadísticos que permiten monitorear y, por ende, presionar a quienes están obligados a usar los recursos ciudadanos en la búsqueda de una sociedad más justa.

Asimismo, se pretende demostrar que las ONGs juegan una posición importante en el equilibrio social que resulte al final del presente siglo, debido a que este trabajo las considera entre las muy pocas instituciones que han comprendido  a plenitud la necesidad de un equilibrio social en el planeta y, mejor aun, tienen la capacidad de modificar  las estructuras de poder a nivel mundial para permitir a la sociedad civil hacer realmente valer sus demandas y consecuentemente estar en la posibilidad de promover un desarrollo menos desigual.


 CONCLUSIONES

¿Cuándo progresa realmente una sociedad? La pregunta parece obvia, no obstante, por largo tiempo se han confundido indicadores abstractos que esconden desigualdades con el bienestar de las personas.  Existe el progreso cuando mejoran las condiciones de vida de las personas, cuando se avanza en el desarrollo humano[18], pero evidentemente hemos fracasado en la tarea de alcanzar el equilibrio en el reparto del ingreso -como se demuestra en el inciso 2.7 de este trabajo, el quintil más rico del planeta se queda con el 89% de su riqueza, mientras el quintil más pobre, se queda con tan sólo el 1.2% de la misma-, también se ha  fallado en hacer las gigantescas desigualdades menos dramáticas y, por supuesto, en alcanzar el Bien Común.  Curiosamente dicha tarea, en apariencia, para muchos es más sencilla que otras tantas resueltas por el género humano: hemos mandado naves espaciales a destinos fuera del sistema solar, estamos cerca de clonar al primer ser humano, sembramos los desiertos, dominamos la energía nuclear y, sin embargo, literalmente medio mundo padece hambre. 

Prácticamente todos los esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos del planeta han fallado.  Es, sin duda, el motivo por el cual la sociedad civil organizada -a través de las ONGs- ha decidido tomar las riendas del sistema que nos gobierna, y es importante recordar que, precisamente, nuestra hipótesis plantea que las ONGs cumplen una importante función en la lucha contra la desigualdad económica. El Estado es una herramienta creada por la sociedad, pero al no funcionar cabalmente, la sociedad misma tiene la responsabilidad y obligación de implementar las modificaciones pertinentes para alcanzar las metas deseadas, que aunque son muchísimas y en ocasiones antagónicas, no hay duda que el bienestar colectivo es aceptado por la mayoría de los integrantes de nuestra aldea global.

Evidentemente el trabajo realizado hasta ahora por las ONGs ha sido positivo, es por eso que las Naciones Unidas repetidamente han enfatizado la importancia que tiene la retroalimentación brindada por las ONGs en sus actividades; las ONGs son cada vez más reconocidas como participantes integrales en el trabajo diario de la ONU (basta recordar, como se menciona en el inciso 2.5.1F, que Amnistía Internacional tiene el status de “Observador Permanente” en dicha organización) ya sea en conferencias, educando al público, monitoreando el respeto a los Derechos Humanos, presionando a los gobiernos, en el cuidado del medio ambiente y en muchas actividades más.[19]

Parece exagerado decirlo, pero las ONGs en cierta forma se han vuelto algo similar a la conciencia colectiva de la sociedad mundial que se hace presente cada vez con más fuerza para recordarnos a todos, ciudadanos comunes y hombres poderosos, que el planeta está desequilibrado y es apremiante buscar las correcciones adecuadas.

Es imposible que el mundo se mantenga dividido indefinidamente entre el hemisferio de los ricos y el de los pobres (en el cuadro comparativo entre Suiza y Mozambique en el inciso 2.7, se muestra como el PIB per capita del primero es 554 veces más grande que el del segundo), desafortunadamente para la gente indiferente del mundo desarrollado, el planeta que habitamos es interdependiente -y aunque pocos están conscientes de esta condición, es la realidad-, de forma que lo sucedido en cualquier rincón del planeta siempre repercute en la vida de todos sus habitantes.  No hay barreras suficientes para aislarse, sería como intentar tapar el sol con un dedo, las lluvias ácidas, la contaminación de cielos y océanos, las consecuencias de la depredación de las selvas forzosamente vulnerarían cualquier intento aislacionista; y han sido las ONGs las primeras instituciones en comprender esta condición, generando una nueva actitud menos dispuesta a tolerar la pobreza como una maldición y más decidida a combatirla como un impedimento estructural para alcanzar un verdadero desarrollo global, sostenido y equitativo.[20]

Las múltiples contribuciones de las ONGs en la búsqueda de un mundo con un ingreso mejor repartido se pueden resumir en 5 aportaciones básicas: 

 

•La primera, y probablemente la más importante, es que las ONGs juegan en la actualidad el papel de despertador de las conciencias humanas las cuales a nivel individual y colectivo han permanecido, por causas ya analizadas en el presente trabajo, dormidas por mucho tiempo.  Lo cierto es que mientras más conscientes se encuentren los pueblos de los derechos inalienables a sus personas, más fácil será que las minorías que tienen raptado al planeta lo devuelvan a la mayoría de sus habitantes y como resultado podamos ver distribuciones del ingreso más parejas.

•La segunda, es que las ONGs fungen como orquestadoras dentro de la sociedad civil para armonizar sus esfuerzos y lograr mayor eficiencia en la brega por presionar a los malos gobiernos del orbe.   Las inconformidades sociales siempre han existido, pero sin las instituciones que coordinen el malestar social es mucho más difícil coaccionar a las autoridades y a sus patronos (las plutocracias locales y mundiales) para corregir el rumbo equivocado por el que navega la humanidad.  Los magníficos resultados obtenidos por parte de las ONGs en la tarea de presionar a los Estados y la buena acogida brindada a éstas en las Naciones Unidas, aunada a la aceptación que la sociedad en su conjunto tiene por las ONGs, permiten pensar que las ONGs se han transformado de simples mecanismos de presión en complejos elementos de contrapeso dentro del equilibrio de poderes de las naciones, lo que naturalmente debe resultar en ingresos mejor distribuidos.

•La tercera aportación de las ONGs a la causa por un mundo menos desigual es poner a disposición de gobiernos, sociedades y organismos multilaterales elementos innovadores de mucha utilidad en la lucha contra la pobreza.  Todos estos, surgidos en buena medida del trabajo directo con los grupos marginados del planeta, muchas ONGs pueden ser vistas como soldados atrincherados en la batalla contra la desigualdad, estas organizaciones, mejor que nadie, tienen una perspectiva del problema que antes pocos tenían y permiten la elaboración de diagnósticos más acertados sobre la cuestión.

Asimismo, las ONGs presionan a los gobernantes a ser menos cortoplacistas y ver más a largo plazo; proporcionan fórmulas en la lucha contra la pobreza, enfocadas tanto en la distribución como en la generación de la riqueza; y obligan a considerar a las variables detonadoras del progreso (democracia, educación, salud, etcétera) para la elaboración de sus estrategias de desarrollo.  Igualmente, las ONGs proporcionan a las sociedades elementos que permiten juzgar objetivamente a los gobernantes en turno, como ejemplo podemos mencionar a los índices de corrupción y de respeto a los Derechos Humanos que éstas elaboran.

•La cuarta contribución, es el frontal combate por parte de la mayoría de las ONGs al neoliberalismo, cuya aplicación, como se demuestra en el inciso 2.7, ha acelerado la brecha existente entre pobres y ricos a un ritmo 2 veces más rápido que bajo el modelo de desarrollo anterior.  El liberalismo económico y el comunismo son, bajo el estado actual de conciencia que tenemos -dominado por el egoísmo-, meras utopías.  Para que ambos modelos económicos dieran resultados sería necesario diluir el egoísmo de nuestras sociedades y esto es imposible en la actualidad.  En el caso del liberalismo económico, por ejemplo, sentar  las bases para que el modelo funcione como en la teoría también es difícil de imaginar, ya que como los ortodoxos de la economía lo señalan, hay múltiples factores como los salarios mínimos que impiden el cabal funcionamiento del modelo, pero dichos factores son considerados por la colectividad parte de las grandes conquistas del género humano e intentar remover a éstas bajo el contexto social actual (dominado por el egoísmo) es una tarea más que imposible.

Cabe destacar que para la mayoría de las ONGs, la lucha no es contra el capitalismo sino contra el laissez faire o el fundamentalismo de mercado.  Asimismo, es pertinente destacar que muchas ONGs no están en contra de la globalización per se, sino contra la globalización promovida por los poderosos y no la que busca el Bien Común, por ejemplo, el libre tránsito de mano de obra por el mundo, asunto de absoluta congruencia con la ortodoxia económica mundial.

•Por último, la quinta aportación es la defensa del Estado de Bienestar, el mecanismo más eficaz en la lucha contra la pobreza, ya que garantiza lo que todo Estado ético y responsable debe proveer a sus gobernados: una plataforma mínima de arranque (salud, educación y vivienda).  Con esto no se busca una regresión al populismo de un Estado desbordado y todo poderoso sino proponer como referencia e ideal a seguir sistemas similares a los usados en los países escandinavos, los que actualmente demuestran como conciliar las finanzas públicas sanas con el bienestar colectivo.

Es  importante aclarar en estas conclusiones que a pesar de existir una gran concordancia entre la Doctrina Social de la Iglesia (D.S.I.) -usada como Marco Teórico en el presente estudio- y los pensamientos aquí desarrollados, existen algunas diferencias y comentarios considerados pertinentes de destacar: La D.S.I. le da un peso muy relevante al término caridad, el cual se vincula con el voluntariado o Tercer Sector que en algunos países ha venido creciendo de forma muy esperanzadora, lo que es de congratularse, en especial porque esto se interpreta como gestos de altruismo que para este estudio es un ingrediente básico para lograr corregir el rumbo actual de la humanidad.  Sin embargo, es necesario señalar que el voluntariado es únicamente un paliativo para la situación y jamás será suficiente para resolver de raíz la problemática, es necesario cambiar la estructura del sistema mundial y la caridad mencionada por la D.S.I. no tiene esa capacidad.

En el número 49 de la encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II, se destaca la necesidad de tomar “la opción preferencial por los pobres”,[21] término usado frecuentemente por los Teólogos de la Liberación de los años 70, lo que evidencia que la D.S.I. posee una teoría verdaderamente profunda, bien elaborada y principalmente humana, tanto que ha llegado a cautivar a luchadores sociales laicos.  Sin embargo, es fácil dudar que algún día la Iglesia Católica la ponga en práctica, debido a que esta institución ha tendido a inclinarse del lado del orden establecido y tradicionalmente no ha optado de forma preferencial por los pobres, además en la D.S.I. se encuentran múltiples elementos ambiguos y abstractos que siempre permitirán a la institución un margen para maniobrar del lado del statu quo, de tal manera que mientras las directrices de la D.S.I. no estén verdaderamente claras, se reitera, será difícil imaginar a la iglesia católica luchando verdaderamente por el combate a la pobreza.

Es importante destacar que al ser las ONGs casi tan plurales como la sociedad misma, es natural que existan asociaciones fundamentalistas cuyas tesis no son necesariamente favorables para el adecuado funcionamiento de la sociedad humana.  No obstante, este estudio considera que el saldo final de las ONGs, contemplando aportaciones positivas y negativas, es favorable para el sistema mundial.

     Finalmente, es importante reiterar que las ONGs cumplen la importante tarea de abrirnos los ojos a una realidad triste y olvidada, y es que las sociedades, como los individuos, usamos la negación como mecanismo natural de defensa, pero a través de las crisis que inevitablemente llegan, es posible aceptar nuestros errores y cambiar nuestras actitudes.  El preocupante problema es que para entender que en el planeta -aunque no lo parezca- todo está íntimamente vinculado (países, comunidades, instituciones y personas son parte de un todo al que las leyes físicas de causa-efecto nunca han olvidado) será probablemente necesaria una gran crisis mundial que termine con nuestra triste negación psicológica.


[1] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 2

[2] Alejandro Nadal.  “Calientes negociaciones enfrían tratado sobre el clima”.

La Jornada.  México, 9 de julio, 2001.

[3] John Clark.  Democratizing Development: The role of voluntary organizations.

Kumarian Press, Inc.  Connecticut, 1991.  p. 9

[4] Genes Exterminadores: Genes que convierten las semillas en infértiles para que, entre otras cosas, los campesinos tengan que seguir comprando eternamente semillas a las corporaciones proveedoras de éstas.

Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 6

[5] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 5

[6] Op. cit.  Clark p. 9

[7] Ibidem p. 9

[8] Ibidem p. 9

[9] Protocolo de Kyoto

www.stopesso.com/kyoto.php  p. 1

[10] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 7

[11] Ibidem p. 5

[12] Ibidem p. 7

[13] Bernardo Kliksberg (compilador).  Pobreza: un tema impostergable.

Fondo de Cultura Económica.  México, 1993.  p. 1

[14] Ibidem p. 1

[15] Ibidem p. 1

[16] Ibidem p. 1

[17] Ibidem p. 1

[18] Op. cit. Kliksbergh (compilador) prefacio XV

[19] Equidad de género

www.igc.org/beijin/barriers.html

[20] Op. cit. Kliksbergh (compilador) prefacio XXIV

[21] Op. cit. Rodríguez (compilador) p. 23