Wednesday, January 2, 2002

EL PAPEL DE LAS ONGs EN LA BÚSQUEDA DE UN INGRESO MUNDIAL MENOS CONCENTRADO (RESUMEN)

Nuestro planeta está plagado de problemas.  Sin embargo existe una complacencia, siempre alimentada por el mercantilismo, de parte de los gobiernos.

 

 “A principios del siglo XIX la proporción de ingresos reales per capita entre los países más ricos y los más pobres del planeta era de tres a uno.  En 1900, era de diez a uno.  Para el año 2000 había alcanzado la cifra de sesenta a uno”.[1] 

 

La pobreza absoluta crece continuamente.  Los recursos naturales, de los cuales todos dependemos, están siendo devastados o contaminados hasta la extinción.  La temperatura media global en el siglo XX aumentó, por causas no naturales (emisión de gases invernadero), entre 0.6 y 0.2 grados, lo que es el incremento de temperatura más pronunciado en mil años y, por si fuera poco, se estima para el presente siglo un aumento en la temperatura global de entre 1.4 y 5.8 grados.[2]  La producción per capita de alimentos está decreciendo[3], pero hay una impetuosa carrera por perfeccionar los “genes exterminadores”[4] en la producción de alimentos.[5]  El número de migrantes y refugiados como consecuencia de injusticias y conflictos ha alcanzado registros históricos.[6]  El crecimiento de la población mundial sigue disparado, existen más de 30 países subdesarrollados con índices de natalidad por encima del 3% anual (en otras palabras, duplicándose cada 24 años).[7]  El consumo de recursos por parte del Norte sigue en ascenso y aunque tiene solamente el 25% de la población mundial, consume más del 75% de la producción de energía, papel, acero y otros recursos.[8]  Los Estados Unidos, con el 4% de los habitantes del planeta, generan la cuarta parte del dióxido de carbono vertido a la atmósfera, pero su presidente, George W. Bush, continúa saboteando los intentos del acuerdo sobre el Protocolo de Kyoto.[9]  El presidente del Banco Mundial recientemente reveló que latinoamérica, tras 20 años de (dolorosas) reformas, se encuentra donde estaba hace 20 años; los últimos 25 años han sido un período relativamente lento al compararlo con los años que le precedieron, por lo que muchos economistas la llaman una “época de plomo” al compararla con la precedente “época dorada”.[10]  Alrededor de 600,000 niños al año adquieren el SIDA a través de sus madres y se estima que pronto puede haber 40 millones de huérfanos como resultado del SIDA, pero las prácticas comerciales de los laboratorios multinacionales impiden el acceso masivo a los tratamientos contra esta enfermedad y, por supuesto, el que los gobiernos del Tercer Mundo fabriquen sus propios medicamentos genéricos está rotundamente prohibido por la Organización Mundial del Comercio, que bajo el concepto de “derechos de la propiedad intelectual” impide la salvación de millones de seres humanos.[11]  El Banco Mundial promueve como esencial e importante la “Flexibilidad del Mercado Laboral” que es una reforma que busca eliminar las barreras a la movilidad laboral y la flexibilidad salarial; que no quiere decir que los trabajadores pueden ser libres de ir a laborar a donde deseen, sino que pueden ser despedidos libremente de sus trabajos o que los salarios son flexibles, obviamente, hacia abajo, no hacia arriba.[12]  Uno de cada 3 niños está subalimentado.[13]  Mil doscientos veinte millones de personas carecen de agua potable.[14]  Tres millones de infantes mueren al año de enfermedades prevenibles con vacunas.[15]  Un millón de mujeres muere cada año por problemas de salud vinculados con la maternidad.[16]  Mil millones de adultos no saben leer ni escribir.[17] La lista es interminable.

El planeta simplemente no puede seguir por el mismo camino,  es apremiante cambiar de vías, pero para tomar esta decisión el mundo tiene que despertar de la somnolencia causada por los impactantes acontecimientos políticos, económicos, sociales y tecnológicos vividos al finalizar el siglo XX. Estos hechos no sólo adormecieron a la sociedad en general, sino desubicaron a los partidos progresistas de la sociedad internacional permitiendo que el gran capital internacional acentuara los procesos de concentración del ingreso a nivel mundial, justamente después de haber vivido uno de los períodos de menor desigualdad en la distribución del ingreso en la historia humana (1945-1970).  Esto ha situado a los países más favorecidos en un predicamento moral y, peor aún, ante el dilema de cómo evitar la continuidad de la grave concentración del ingreso que vive la humanidad entera, el cual de seguir agravándose puede poner en riesgo el equilibrio mundial.

Es la intención de este trabajo analizar íntegramente los elementos que prolongan el atraso económico de las naciones, para así poder demostrar con argumentos teóricos y evidencia empírica la hipótesis de que las organizaciones no gubernamentales (ONGs) en su conjunto, cumplen un papel determinante en la lucha para detener, y eventualmente revertir, la desigualdad entre las sociedades y las naciones.  También se busca evidenciar entre otras cosas que las ONGs llevan a cabo dos importantes funciones en la lucha mencionada. 

• La primera es fomentar la simple toma de conciencia de que el rumbo por el que transitamos no es el adecuado. Esto no es fácil debido a que la negación psicológica presente, tanto a nivel individual como colectivo es un mecanismo de mucha fortaleza, que además en la actualidad es revitalizado por los medios de comunicación pertenecientes al establishment que buscan la perpetuidad del sistema actual, olvidando que el sistema bajo el cual vivimos está íntimamente vinculado entre sí, por lo que es imposible abusar eternamente de una de las partes del mismo, sin verse eventualmente afectado el conjunto en su totalidad.

• La segunda aportación de las ONGs es permitirle a los diferentes actores del desarrollo económico y social el uso de elementos o herramientas inexistentes en el pasado, muchos de ellos surgidos de la experiencia de las ONGs en el ámbito operacional frecuentemente olvidado por los tomadores de decisiones en materia de combate a la pobreza, quienes comúnmente están desvinculados racional, emocional y físicamente de los problemas.  De tal suerte que las organizaciones ciudadanas hoy en día permiten desde innovar en las técnicas de erradicación de la marginación hasta usar diversos índices estadísticos que permiten monitorear y, por ende, presionar a quienes están obligados a usar los recursos ciudadanos en la búsqueda de una sociedad más justa.

Asimismo, se pretende demostrar que las ONGs juegan una posición importante en el equilibrio social que resulte al final del presente siglo, debido a que este trabajo las considera entre las muy pocas instituciones que han comprendido  a plenitud la necesidad de un equilibrio social en el planeta y, mejor aun, tienen la capacidad de modificar  las estructuras de poder a nivel mundial para permitir a la sociedad civil hacer realmente valer sus demandas y consecuentemente estar en la posibilidad de promover un desarrollo menos desigual.


 CONCLUSIONES

¿Cuándo progresa realmente una sociedad? La pregunta parece obvia, no obstante, por largo tiempo se han confundido indicadores abstractos que esconden desigualdades con el bienestar de las personas.  Existe el progreso cuando mejoran las condiciones de vida de las personas, cuando se avanza en el desarrollo humano[18], pero evidentemente hemos fracasado en la tarea de alcanzar el equilibrio en el reparto del ingreso -como se demuestra en el inciso 2.7 de este trabajo, el quintil más rico del planeta se queda con el 89% de su riqueza, mientras el quintil más pobre, se queda con tan sólo el 1.2% de la misma-, también se ha  fallado en hacer las gigantescas desigualdades menos dramáticas y, por supuesto, en alcanzar el Bien Común.  Curiosamente dicha tarea, en apariencia, para muchos es más sencilla que otras tantas resueltas por el género humano: hemos mandado naves espaciales a destinos fuera del sistema solar, estamos cerca de clonar al primer ser humano, sembramos los desiertos, dominamos la energía nuclear y, sin embargo, literalmente medio mundo padece hambre. 

Prácticamente todos los esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos del planeta han fallado.  Es, sin duda, el motivo por el cual la sociedad civil organizada -a través de las ONGs- ha decidido tomar las riendas del sistema que nos gobierna, y es importante recordar que, precisamente, nuestra hipótesis plantea que las ONGs cumplen una importante función en la lucha contra la desigualdad económica. El Estado es una herramienta creada por la sociedad, pero al no funcionar cabalmente, la sociedad misma tiene la responsabilidad y obligación de implementar las modificaciones pertinentes para alcanzar las metas deseadas, que aunque son muchísimas y en ocasiones antagónicas, no hay duda que el bienestar colectivo es aceptado por la mayoría de los integrantes de nuestra aldea global.

Evidentemente el trabajo realizado hasta ahora por las ONGs ha sido positivo, es por eso que las Naciones Unidas repetidamente han enfatizado la importancia que tiene la retroalimentación brindada por las ONGs en sus actividades; las ONGs son cada vez más reconocidas como participantes integrales en el trabajo diario de la ONU (basta recordar, como se menciona en el inciso 2.5.1F, que Amnistía Internacional tiene el status de “Observador Permanente” en dicha organización) ya sea en conferencias, educando al público, monitoreando el respeto a los Derechos Humanos, presionando a los gobiernos, en el cuidado del medio ambiente y en muchas actividades más.[19]

Parece exagerado decirlo, pero las ONGs en cierta forma se han vuelto algo similar a la conciencia colectiva de la sociedad mundial que se hace presente cada vez con más fuerza para recordarnos a todos, ciudadanos comunes y hombres poderosos, que el planeta está desequilibrado y es apremiante buscar las correcciones adecuadas.

Es imposible que el mundo se mantenga dividido indefinidamente entre el hemisferio de los ricos y el de los pobres (en el cuadro comparativo entre Suiza y Mozambique en el inciso 2.7, se muestra como el PIB per capita del primero es 554 veces más grande que el del segundo), desafortunadamente para la gente indiferente del mundo desarrollado, el planeta que habitamos es interdependiente -y aunque pocos están conscientes de esta condición, es la realidad-, de forma que lo sucedido en cualquier rincón del planeta siempre repercute en la vida de todos sus habitantes.  No hay barreras suficientes para aislarse, sería como intentar tapar el sol con un dedo, las lluvias ácidas, la contaminación de cielos y océanos, las consecuencias de la depredación de las selvas forzosamente vulnerarían cualquier intento aislacionista; y han sido las ONGs las primeras instituciones en comprender esta condición, generando una nueva actitud menos dispuesta a tolerar la pobreza como una maldición y más decidida a combatirla como un impedimento estructural para alcanzar un verdadero desarrollo global, sostenido y equitativo.[20]

Las múltiples contribuciones de las ONGs en la búsqueda de un mundo con un ingreso mejor repartido se pueden resumir en 5 aportaciones básicas: 

 

•La primera, y probablemente la más importante, es que las ONGs juegan en la actualidad el papel de despertador de las conciencias humanas las cuales a nivel individual y colectivo han permanecido, por causas ya analizadas en el presente trabajo, dormidas por mucho tiempo.  Lo cierto es que mientras más conscientes se encuentren los pueblos de los derechos inalienables a sus personas, más fácil será que las minorías que tienen raptado al planeta lo devuelvan a la mayoría de sus habitantes y como resultado podamos ver distribuciones del ingreso más parejas.

•La segunda, es que las ONGs fungen como orquestadoras dentro de la sociedad civil para armonizar sus esfuerzos y lograr mayor eficiencia en la brega por presionar a los malos gobiernos del orbe.   Las inconformidades sociales siempre han existido, pero sin las instituciones que coordinen el malestar social es mucho más difícil coaccionar a las autoridades y a sus patronos (las plutocracias locales y mundiales) para corregir el rumbo equivocado por el que navega la humanidad.  Los magníficos resultados obtenidos por parte de las ONGs en la tarea de presionar a los Estados y la buena acogida brindada a éstas en las Naciones Unidas, aunada a la aceptación que la sociedad en su conjunto tiene por las ONGs, permiten pensar que las ONGs se han transformado de simples mecanismos de presión en complejos elementos de contrapeso dentro del equilibrio de poderes de las naciones, lo que naturalmente debe resultar en ingresos mejor distribuidos.

•La tercera aportación de las ONGs a la causa por un mundo menos desigual es poner a disposición de gobiernos, sociedades y organismos multilaterales elementos innovadores de mucha utilidad en la lucha contra la pobreza.  Todos estos, surgidos en buena medida del trabajo directo con los grupos marginados del planeta, muchas ONGs pueden ser vistas como soldados atrincherados en la batalla contra la desigualdad, estas organizaciones, mejor que nadie, tienen una perspectiva del problema que antes pocos tenían y permiten la elaboración de diagnósticos más acertados sobre la cuestión.

Asimismo, las ONGs presionan a los gobernantes a ser menos cortoplacistas y ver más a largo plazo; proporcionan fórmulas en la lucha contra la pobreza, enfocadas tanto en la distribución como en la generación de la riqueza; y obligan a considerar a las variables detonadoras del progreso (democracia, educación, salud, etcétera) para la elaboración de sus estrategias de desarrollo.  Igualmente, las ONGs proporcionan a las sociedades elementos que permiten juzgar objetivamente a los gobernantes en turno, como ejemplo podemos mencionar a los índices de corrupción y de respeto a los Derechos Humanos que éstas elaboran.

•La cuarta contribución, es el frontal combate por parte de la mayoría de las ONGs al neoliberalismo, cuya aplicación, como se demuestra en el inciso 2.7, ha acelerado la brecha existente entre pobres y ricos a un ritmo 2 veces más rápido que bajo el modelo de desarrollo anterior.  El liberalismo económico y el comunismo son, bajo el estado actual de conciencia que tenemos -dominado por el egoísmo-, meras utopías.  Para que ambos modelos económicos dieran resultados sería necesario diluir el egoísmo de nuestras sociedades y esto es imposible en la actualidad.  En el caso del liberalismo económico, por ejemplo, sentar  las bases para que el modelo funcione como en la teoría también es difícil de imaginar, ya que como los ortodoxos de la economía lo señalan, hay múltiples factores como los salarios mínimos que impiden el cabal funcionamiento del modelo, pero dichos factores son considerados por la colectividad parte de las grandes conquistas del género humano e intentar remover a éstas bajo el contexto social actual (dominado por el egoísmo) es una tarea más que imposible.

Cabe destacar que para la mayoría de las ONGs, la lucha no es contra el capitalismo sino contra el laissez faire o el fundamentalismo de mercado.  Asimismo, es pertinente destacar que muchas ONGs no están en contra de la globalización per se, sino contra la globalización promovida por los poderosos y no la que busca el Bien Común, por ejemplo, el libre tránsito de mano de obra por el mundo, asunto de absoluta congruencia con la ortodoxia económica mundial.

•Por último, la quinta aportación es la defensa del Estado de Bienestar, el mecanismo más eficaz en la lucha contra la pobreza, ya que garantiza lo que todo Estado ético y responsable debe proveer a sus gobernados: una plataforma mínima de arranque (salud, educación y vivienda).  Con esto no se busca una regresión al populismo de un Estado desbordado y todo poderoso sino proponer como referencia e ideal a seguir sistemas similares a los usados en los países escandinavos, los que actualmente demuestran como conciliar las finanzas públicas sanas con el bienestar colectivo.

Es  importante aclarar en estas conclusiones que a pesar de existir una gran concordancia entre la Doctrina Social de la Iglesia (D.S.I.) -usada como Marco Teórico en el presente estudio- y los pensamientos aquí desarrollados, existen algunas diferencias y comentarios considerados pertinentes de destacar: La D.S.I. le da un peso muy relevante al término caridad, el cual se vincula con el voluntariado o Tercer Sector que en algunos países ha venido creciendo de forma muy esperanzadora, lo que es de congratularse, en especial porque esto se interpreta como gestos de altruismo que para este estudio es un ingrediente básico para lograr corregir el rumbo actual de la humanidad.  Sin embargo, es necesario señalar que el voluntariado es únicamente un paliativo para la situación y jamás será suficiente para resolver de raíz la problemática, es necesario cambiar la estructura del sistema mundial y la caridad mencionada por la D.S.I. no tiene esa capacidad.

En el número 49 de la encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II, se destaca la necesidad de tomar “la opción preferencial por los pobres”,[21] término usado frecuentemente por los Teólogos de la Liberación de los años 70, lo que evidencia que la D.S.I. posee una teoría verdaderamente profunda, bien elaborada y principalmente humana, tanto que ha llegado a cautivar a luchadores sociales laicos.  Sin embargo, es fácil dudar que algún día la Iglesia Católica la ponga en práctica, debido a que esta institución ha tendido a inclinarse del lado del orden establecido y tradicionalmente no ha optado de forma preferencial por los pobres, además en la D.S.I. se encuentran múltiples elementos ambiguos y abstractos que siempre permitirán a la institución un margen para maniobrar del lado del statu quo, de tal manera que mientras las directrices de la D.S.I. no estén verdaderamente claras, se reitera, será difícil imaginar a la iglesia católica luchando verdaderamente por el combate a la pobreza.

Es importante destacar que al ser las ONGs casi tan plurales como la sociedad misma, es natural que existan asociaciones fundamentalistas cuyas tesis no son necesariamente favorables para el adecuado funcionamiento de la sociedad humana.  No obstante, este estudio considera que el saldo final de las ONGs, contemplando aportaciones positivas y negativas, es favorable para el sistema mundial.

     Finalmente, es importante reiterar que las ONGs cumplen la importante tarea de abrirnos los ojos a una realidad triste y olvidada, y es que las sociedades, como los individuos, usamos la negación como mecanismo natural de defensa, pero a través de las crisis que inevitablemente llegan, es posible aceptar nuestros errores y cambiar nuestras actitudes.  El preocupante problema es que para entender que en el planeta -aunque no lo parezca- todo está íntimamente vinculado (países, comunidades, instituciones y personas son parte de un todo al que las leyes físicas de causa-efecto nunca han olvidado) será probablemente necesaria una gran crisis mundial que termine con nuestra triste negación psicológica.


[1] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 2

[2] Alejandro Nadal.  “Calientes negociaciones enfrían tratado sobre el clima”.

La Jornada.  México, 9 de julio, 2001.

[3] John Clark.  Democratizing Development: The role of voluntary organizations.

Kumarian Press, Inc.  Connecticut, 1991.  p. 9

[4] Genes Exterminadores: Genes que convierten las semillas en infértiles para que, entre otras cosas, los campesinos tengan que seguir comprando eternamente semillas a las corporaciones proveedoras de éstas.

Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 6

[5] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 5

[6] Op. cit.  Clark p. 9

[7] Ibidem p. 9

[8] Ibidem p. 9

[9] Protocolo de Kyoto

www.stopesso.com/kyoto.php  p. 1

[10] Chomsky

www.cgt.es/biblioteca/chomsky_seattle.html  p. 7

[11] Ibidem p. 5

[12] Ibidem p. 7

[13] Bernardo Kliksberg (compilador).  Pobreza: un tema impostergable.

Fondo de Cultura Económica.  México, 1993.  p. 1

[14] Ibidem p. 1

[15] Ibidem p. 1

[16] Ibidem p. 1

[17] Ibidem p. 1

[18] Op. cit. Kliksbergh (compilador) prefacio XV

[19] Equidad de género

www.igc.org/beijin/barriers.html

[20] Op. cit. Kliksbergh (compilador) prefacio XXIV

[21] Op. cit. Rodríguez (compilador) p. 23


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