Saturday, February 2, 2008

Sí se puede

Miami, febrero 2008.

Barack Obama está cercano a convertirse en el hombre más poderoso del mundo: la noticia es esperanzadora. El rumbo de este planeta está ligado a las decisiones que se toman en Washington y la posible llegada al poder de Obama no sólo sería contrastante con la muy triste gestión de Bush, sino permitiría que respiráramos por los posibles cambios directos e indirectos que el ascenso podría suscitar en nuestra aldea global. Siendo una mayor integración racial planetaria y el empleo de un enfoque incluyente, dos de las más viables contribuciones que él podría aportar.

 El ejercicio del poder siempre será complicado, pero en casi todos los rincones del planeta se considera que la administración Bush ha hecho trizas de la ya de por sí poco prestigiada “reputación americana”. Ignorancia, mentiras, violación a derechos humanos, desdén por el medio ambiente y el derecho internacional, fanatismo religioso, poca diplomacia y maniqueísmo ideológico son tan sólo algunos rasgos del actual presidente estadunidense. En contraste, la posibilidad de que Obama suba al máximo cargo político de su país llevaría al puesto a un hombre con un perfil que auguraría una presidencia muy distinta: Barack Hussein Obama estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, obtuvo su título de abogado en la escuela de derecho de Harvard, fue catedrático en la Universidad de Chicago, y también trabajó en las bases de organizaciones del Tercer Sector. Sin duda, su mandato, le brindaría a su país y, por ende, al mundo un perfil poco común y radicalmente diferente al brindado por George W. Bush. Obama es hijo de una madre blanca del estado de Kansas, hijo de un padre negro Keniano (con estudios doctorales en Harvard y agnóstico confeso); tiene ascendencia musulmana y creció en las islas de Indonesia y Hawai, lo que permite pensar que el grado de empatía con el Tercer Mundo y el entendimiento de la problemática mundial no sólo no tendrían precedente sino –mejor aun- llegarían en el momento preciso para la búsqueda de armonía, tolerancia y menos injusticia en un mundo que tiende a la polarización religiosa y económica.

Obama es un individuo con corta trayectoria política por lo que tiene poca cola que le pisen y cuyo más grande activo político es el haberse opuesto a la invasión a Irak en tiempos en que lo fácil era ceder ante la presión para realizarla. Sin embargo, su más importante atributo es el planteamiento de soluciones políticas a partir de la creación de puentes de entendimiento, sus enfoques buscan convencer y no acabar con el adversario, la suma y no la resta son las fórmulas privilegiadas para intentar alcanzar la unidad entre las partes. El enfoque además de complicado solamente lo pueden aplicar exitosamente  personajes de tallas poco comunes, quizá pronto veamos si él la tiene. Por lo pronto su particular estilo ha despertado la esperanza de millones de personas de rasgos demográficos y culturales poco homogéneos que le han permitido en unas cuantas semanas cerrar distancias de hasta 30 puntos porcentuales en las preferencias electorales demócratas y ubicarse en la actualidad en una carrera cerradísima rumbo a la nominación de su partido.

Durante el debate en el teatro Kodak en Hollywood, Obama mencionó que su intención era cambiar el estilo de pensar (mind set) a la hora de hacer política lo cual justamente es lo indicado para este mundo que lleva 7 años vibrando al ritmo de tambores de guerra. Hillary Clinton también quiere terminar con la invasión a Irak y privilegiar una política internacional menos beligerante. Sin embargo, su trayectoria combativa, revanchista y avasalladora no inspira las mismas esperanzas.

El poderío estadunidense no sólo es militar, económico y político, también es cultural. EE.UU. probablemente exporta al resto del mundo más elementos culturales que cualquier otra nación: música, cine, moda, comida y un largo etcétera hacen que el planeta cada vez esté más americanizado. Querámoslo o no, son líderes mundiales y, por lo mismo, lo bueno y lo malo que ellos hagan permea con suma eficiencia en el resto de las sociedades existentes. El hecho de que un hombre de color logre alcanzar la presidencia de uno de los más grandes imperios de la humanidad tiene implicaciones trascendentes, la principal necesariamente relacionada a la lucha contra el racismo; obviamente el hecho no acabaría con éste, pero sin duda contribuiría de manera muy positiva a la causa de la tolerancia racial.

En el partido Republicano las cosas están bastante claras, en el Demócrata la moneda está en el aire, pero el momento anímico -la inercia- está desde hace algunas semanas del lado de Obama. Seguramente pronto se hará historia ya sea porque llega una mujer o un hombre de color a la presidencia de EE.UU. debido a las altas probabilidades de una victoria demócrata, principalmente porque los republicanos están desunidos y desmotivados (hasta ahora la participación acumulada de los electores demócratas es casi del doble que la de los republicanos). El planteamiento de los conservadores es continuar en Irak y los deseos de las mayorías son contrarios; la economía como tema cada vez tiene mayor relevancia y John McCain, el virtual candidato republicano, confiesa no saber del asunto. Pareciera estar puesta la mesa para que se haga historia en la sociedad estadunidense.

En casi 232 años de historia EE.UU. ha tenido solamente 5 senadores y 2 gobernadores afroamericanos (el primero interino por un mes y el segundo elegido tan sólo el año pasado), por lo que hace pocos meses se pensaba que faltaban muchos, muchos años para que un hombre de color llegara a la Casa Blanca. Pronto lo sabremos y si así sucede el hecho resonará armoniosamente por todo el planeta. Por ahora sólo queda corear su lema de campaña: “sí se puede”.